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El cuento de nunca  acabar     

Por Aimée Cabrera.

 

Se acerca el Día del Educador y aún persisten los problemas graves en cuanto a la estabilidad de los maestros y profesores en todos los niveles educacionales del país. La prensa acreditada extrae fragmentos de palabras expresadas por dirigentes políticos al respecto.

Mientras persistan ideas como “Si no hay educación, no hay revolución”, continuará el caos en el magisterio cubano porque ante todo hay que analizar al  educador, no como una ficha de ajedrez que se mueve para donde convenga, sino como a un   ser humano pleno, en su derecho de ver una reciprocidad que nunca llega, por parte de los ministerios de Educación y de Educación Superior respectivamente.

Los sometimientos de aparentes altruistas que frustraron las carreras de miles de adolescentes cubanos con la formación de destacamentos pedagógicos, maestros emergentes, etc no han dado nunca resultados favorecedores.

Planes políticos siempre han dañado la imagen del pedagogo con imposiciones que nada tienen que ver con el magisterio. En la década del 60 del siglo XX fue la Batalla por el Sexto Grado- Nivel Primario-  afianzada en la educación Para Adultos, casi todos trabajadores. Después en los 70 y los 80 vino la Batalla por el Noveno Grado- Nivel secundario y obligatorio- y se ha constatado que hubo muchos fraudes y alumnos aprobados sin tener los niveles correspondientes.

La razón fundamental era que la evaluación integral de todo un curso, del maestro o profesor se veía dañada con un Regular o un Deficiente, si éstos tenían alumnos suspensos; a ningún dirigente del ramo le importaba los esfuerzos desplegados por estos educadores que tenían que cumplir con programas descabellados en tiempo récord, atender individualidades de los discípulos con deficiencias, asistir con los mismos a los campamentos en el campo, convivir con  éstos en las becas, todo bajo pésimas condiciones, y sin derecho a exigencias o eran la comidilla de los oportunistas de entonces.

Ese fue el motivo del gran éxodo de profesores hacia otras profesiones u oficios más remunerados y menos  complicados como sucedió con la apertura del turismo fundamentalmente. Son muy pocos los educadores que continúan trabajando una vez que les llega la edad para jubilarse, y los que se acogieron  a la misma y volvieron a las aulas , lo han hecho por motivos económicos ya que no les alcanza lo que perciben para todo el mes.

Cuando se crearon los maestros emergentes se suponían las deficiencias, casi todos eran jóvenes que ni trabajaban ni estudiaban, algunos con serios problemas conductuales a los que se les prometieron estudios superiores y otras mejorías,  por lo que muy pocos  han hecho una labor correcta en este aspecto tan importante para el desarrollo positivo de la sociedad en su conjunto.

Era de imaginarse si los mismos carecían de madurez e instrucción para acometer la difícil tarea de impartir clases de diversas asignaturas de letras y ciencias apoyados por las frías clases televisivas, gasto extraordinario que acomete el Gobierno a sabiendas de que reporta muy pocos resultados.

Lo primero que debe tener en cuenta el gobierno para lograr una estabilidad profesoral es pagar salarios  acordes con la ardua tarea profesional y educativa que éstos realizan. Es vergonzoso que los maestros no tengan ni un zapato  cómodo que ponerse, o ropas adecuadas, materiales de trabajo, local con espacio, y claridad  adecuados.

Casi todas las escuelas tienen  baños que dan pena, sin herrajes, ni tan siquiera agua suficiente para mantenerlos limpios, es excepcional que tengan bebederos, taquillas u otros muebles similares , áreas para la recreación y el deporte, alimentos nutricionales, meriendas que satisfagan  a los estudiantes y que eviten las diferencias de clases sociales, cada vez más marcadas.

A nadie se le ha ocurrido  poner ómnibus que lleven a los profesores y maestros a sus casas o a sus centros de trabajo, porque quitando las escuelas lejanas, los que viven y trabajan en el centro de la ciudad están a expensas de llegar tarde , eso a nadie le importa, ni tampoco que al final del curso  tengan derecho a pasar parte de sus vacaciones en un centro recreativo, al menos una semana.

Las entidades a cargo del buen funcionamiento social se encuentran en un pico emergente porque se les ha ido de las manos una serie de situaciones que han traído como resultado la deserción de los trabajadores, y la decepción ante el tiempo “perdido”en estudios y en una labor que como la magisterial  es tan poco reconocida.

Los profesores , maestros y educadores en general  quieren algo  más que ver un reportaje a propósito del Día del Educador, ni siquiera quieren las feas postales que se venden para la efeméride en ambas monedas, o los regalos que puedan hacerles algunos educandos, ni qué decir de la clásica fiestecita o almuerzo organizado por el sindicato del centro, ellos quieren un sueldo decoroso, un módulo de ropas funcionales, que sean escuchadas sus sugerencias y no se las impongan, que las aulas , laboratorios, bibliotecas posean todas las condiciones favorables para dar y recibir la clase. Cuando todo esto esté resuelto con  amor y dignidad, los estudiantes aprenderán más y reconocerán la labor de quienes los dirigen en el complejo  proceso docente educativo.

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