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Consejo Unitario
de Trabajadores Cubanos |
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Amistades con Reyes y Santa
Las costumbres sociales van cambiando en la Cuba del Nuevo Milenio, y las nuevas generaciones de padres y jóvenes abuelos, quieren que hijos y nietos estén a la par de los niños que deleitan a la familia en series, telenovelas y filmes foráneos. Ya ningún infante llama a su progenitor “Mima, Pipo, Mami o Papi”, porque es más fácil decirles “Má o Pá”; a las buenas o a las malas- el gobierno para recaudar moneda libremente convertible y los cubanos isleños para parecerse al resto del mundo, se rescatan una serie de costumbres que habían sido anuladas por el Estado en las décadas del 70 y el 80 del pasado siglo por lo que no hay casa, por muy humilde que sea que no tenga un arbolito de Navidad y ya muchos están en función de tener un Nacimiento para que el rinconcito navideño tenga aires de occidente. De nuevo ha surgido la idea de darle la posibilidad a los más pequeños de que redacten cartas a los Reyes Magos y a Santa- Santa Claus- pidiéndoles regalos y juguetes que para muchos progenitores son excesivamente caros, pero el amor todo lo puede y por eso muchos niños de familias con escasos recursos económicos pudieron tener un rato de ilusión y alegría a partir del Viernes 6 de enero hasta el Domingo 8. Esta fue la detonante para que muchos padres no enviaran a sus hijos a la escuela el Viernes que amaneció algo invernal y sirvió para que arropaditos en casa recibieran la cantidad de regales que pudieron resolver con enorme sacrificio esos mismos magos del hogar que tuvieron que esforzarse con cenas y regalos para todos por igual. La tienda de Carlos III como se le conoce a un complejo de tiendas por departamentos a lo Mall, ubicado en el municipio capitalino de Centro Habana, fue ejemplo sin par de lo que constituyó una Fiesta De Reyes a lo Cubano. Su departamento de juguetes no dio a basto con la cantidad de personas que lo visitaron aún el Domingo en horas de la mañana hasta el mediodía, un ir y venir de una grey de todas las edades le dio un toque de felicidad y optimismo a la gran tienda. La planta baja donde se encuentran carros y animales musicales que gustan mucho a los pequeñines y la amplia cafetería fue de las afeas más concurridas, así los que ya están comenzando la adolescencia, fueron a otros departamentos para saciar algún antojo y sueño de todo un año. El pueblo cubano se impone para poder rescatar aquellas costumbres que llenaron de felicidad al hogar cubano hasta poco más de los años sesenta, turrones, cenas, paseos por las iglesias católicas para ver los nacimientos y comprar algo relativo a la Navidad, regalos, juguetes se dan la mano a la esperanza- que nunca se pierde- y que es la única vía para llegar a la fe que tanta falta hace que llegue a todos los habitantes de la Mayor de las Antillas |
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