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Consejo Unitario
de Trabajadores Cubanos |
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El Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC) proclama ante Cuba y el mundo los principios y valores que lo inspiran en su lucha por alcanzar el pleno y efectivo ejercicio de la democracia sindical en la República de Cuba. Definitivamente los pilares básicos en que se sustenta la actividad del CUTC son: 1. La libertad y democracia auténtica, que incluye:
2. Justicia social para todos a partir de la más amplia participación. 3. Preservación de la independencia, dignidad y soberanía nacionales. 4. Oposición a todo tipo de represión y dictadura. 5. Contra la explotación, la marginación, la discriminación y la miseria. 6. Contra todo tipo de subordinación, dependencia o dominación extranjera. El CUTC considera que estos seis pilares básicos implican el reconocimiento de la dignidad y de los derechos de todos los trabajadores cubanos, sin discriminación de ningún tipo, El CUTC aprecia como el don más preciado el respeto a la dignidad humana, premisa esencial para el libre ejercicio de los derechos humanos. El CUTC reconoce como sus auténticos precursores a todos aquellos que se enfrentaron con las armas de la dignidad a las injusticias sociales; a los que combatieron por el rescate y consolidación de nuestra independencia; a los que combatieron las dictaduras y sus secuelas, dando inicio a un proceso de liberación nacional inconcluso; a los que repudian y combaten las violaciones de los derechos del hombre, consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos. El CUTC agrupa en sus filas a todos los trabajadores manuales o intelectuales de las industrias, del campo, de las minas, del aire, del mar; a los maestros, profesionales y técnicos, artistas e intelectuales, públicos y privados, asalariados o independientes, que conscientes de su condición de clase trabajadora muestran su disposición a participar en la reconstrucción material y espiritual de la nación cubana. El CUTC reafirma su vocación pacifista y, por tanto, exenta de violencia, no promotora de convulsiones ni conflictos sociales, considerando que sólo bajo los valores de una democracia real y participativa los trabajadores cubanos podrán alcanzar su verdadera emancipación. El CUTC reconoce el derecho de todos los seres humanos a la libertad e igualdad, sin distinción de ninguna índole basada en circunstancias étnicas, económicas, sociales, culturales, religiosas, políticas, ideológicas o de cualquier otra naturaleza que restrinjan, limiten o afecten el pleno ejercicio de las capacidades intrínsecas de la persona humana. Inspirados en estas consideraciones y en nuestras raíces históricas, sociales y culturales, el CONSEJO UNITARIO DE TRABAJADORES CUBANOS PROCLAMA COMO FUNDAMENTO CARDINAL DE SU
FILOSOFÍA Y LA CONSECUENTE REALIZACIÓN PRINCIPIOS Y VALORES A. LA PERSONA HUMANA Cada trabajador tiene derecho a disponer de su naturaleza humana y espiritual, que debe ser enaltecida y preservada por la organización social en todos los aspectos políticos, económicos, sociales, jurídicos. Creemos en la dignidad y en los valores de los derechos fundamentales de la persona humana, entre los que sobresalen los derechos individuales, civiles, políticos y culturales, los derechos económicos, sociales y otros de carácter más específico, tales como los derechos de la mujer trabajadora, los pensionados y jubilados, los jóvenes, los enfermos, los discapacitados, los adolescentes y los niños, siendo el más inviolable de todos el derecho a la vida. Ninguna persona, institución o ideología podrá situarse por encima del derecho a la vida humana. Como persona humana todos tienen derecho al disfrute de bienes materiales y espirituales que se derivan del progreso científico y tecnológico alcanzado a nivel nacional o internacional, y a una actuación protagónica libre y responsable en todos los aspectos de la vida económica, social, política y cultural de la nación cubana. Como persona humana todos tienen derecho a la
propiedad privada y colectiva, y al disfrute de los beneficios legales y morales
que se derivan de este derecho sin otra limitante que el respeto al derecho
ajeno a disfrutar de estas mismas prerrogativas. B. LA LIBERTAD La libertad es inseparable de la condición humana y no debe interpretarse como un privilegio concedido por una iniciativa legislativa. Ningún ser humano, país o región deberá ser sometido a explotación, dominación, servidumbre ó esclavitud. Ninguna persona humana podrá ser injustamente detenida, discriminada o conculcada en el ejercicio pleno de su libertad individual, responsable y creativa, adecuada a los valores de la civilización y del absoluto respeto a la libertad humana. El CUTC repudia las detenciones arbitrarias y el impedimento del disfrute, en condiciones de equidad, del beneficio de ser escuchado por un tribunal autónomo y neutral, así como el derecho de toda persona acusada de delito a que se presuma su inocencia hasta tanto no se demuestra su culpabilidad.
El trabajo es un derecho inherente a la persona humana, consagrado en múltiples pactos, convenios y declaraciones universales. El CUTC aprecia el trabajo no sólo como el esfuerzo y el desgaste de energías físicas y mentales de la persona que lo ejecuta, sino como un acto de creación al servicio de la sociedad. El trabajo tiene un valor económico, social y cultural en el proceso de creación de riquezas y en el proceso general de la humanidad. El trabajo ocupa un lugar superior incluso a la organización del propio Estado y debe ser elegido y ejecutado en un clima de absoluta libertad. La sociedad debe garantizar el derecho al trabajo y asegurar al ser humano el pleno desarrollo de sus potencialidades físicas e intelectuales a través de una actividad laboral acorde con esas potencialidades. El trabajo es la única vía de realización de la persona humana y fuente segura de riquezas sociales, convirtiéndose más en una realización personal que en una búsqueda de dinero.
La justicia social garantiza y preserva la promoción humana y el integral desarrollo de la familia universal, permitiendo una distribución equitativa de la riqueza y el pleno acceso de todos los sectores de la sociedad a los bienes materiales, a la cultura y al ejercicio democrático del poder. El movimiento sindical debe centrar sus planes de acción en el más absoluto respeto a la justicia social, promoviendo iniciativas que conduzcan a su generalización y perfeccionamiento, como vía para la desaparición de las desigualdades existentes entre los hombres y las naciones, y como condición esencial para la preservación de la paz, la superación de la pobreza, la marginalidad y el analfabetismo. Los trabajadores cubanos nos oponemos a toda forma de pobreza y exclusión y proponemos la promoción de medidas que estimulen y contribuyan a la creación de más plazas productivas, dignamente remuneradas, así como a priorizar la formación y la capacitación laboral entre los sectores más necesitados de la población.
La sociedad constituye una agrupación de comunidades y de personas; la sociedad promueve y desarrolla sentimientos de responsabilidad individual y colectiva. Los objetivos de la sociedad deben dirigirse a la búsqueda incesante del bien común, propiciando un conjunto de Condiciones políticas, económicas, sociales y culturales que permitan el crecimiento de todas y cada una de las personas humanas que en ella viven. La persona humana posee un especial protagonismo social, derivado de su condición de ser social, capaz de desarrollar sus potencialidades creativas de manera activa y permanente, fundada en criterios de libertad, independencia y autonomía, apegados al más absoluto respeto al derecho de sus semejantes. La sociedad debe promover medidas que coadyuven al pleno desarrollo, ejercicio y preservación de los derechos humanos.
La familia transmite y protege los valores de la vida y es promotora de modelos y normas de comportamiento, que preparan a sus integrantes para su ingreso a la sociedad siendo, por tanto, su cimiento y elemento fundamental. La sociedad debe velar porque la familia pueda cumplir sus roles esenciales fundados en la autoridad y responsabilidad de los padres, como un proceso de integración global, en la sociedad. No existen relaciones sociales adecuadas si éstas no se consolidan en el seno familiar; la mejor manera de dominar la sociedad es fraccionando a la familia, deshaciendo sus vínculos mediante la suplantación de valores y la creación de comportamientos éticamente insuficientes e imperdurables.
El ser humano se constituye en el centro, autor y fin de la actividad económica. La economía forma parte de la actividad social, que debe satisfacer integralmente las necesidades del hombre, combinando políticas de desarrollo con normas de justicia social. En la economía deben converger armónicamente diversas formas de propiedad, empresas y organizaciones económicas, con plena participación de los trabajadores en la gestión y las ganancias. La estabilidad de la democracia está íntimamente relacionada con el desarrollo económico, como dos conceptos que tienden a fortalecerse recíprocamente, pues una democracia real requiere una política resistente que asegure el desarrollo económico integral de la sociedad. Los factores de crecimiento económico deben tener, además, un objetivo social, que satisfaga las necesidades de la sociedad cubana en su conjunto. La acción combinada del Estado y de los empresarios y otras entidades del sector privado deben convertirse en experiencias inagotables que aseguren la promoción humana, garantía de empleo, modernización tecnológica, transformaciones productivas, con equidad y búsqueda de compromisos que se concreten en una práctica en otros ámbitos sociales, como por ejemplo en el área sindical.
La educación contribuye a fomentar sentimientos de solidaridad entre los hombres y los pueblos, y tiene como misión el desarrollo de la persona humana, que nos permita vivir, comprendernos y aceptarnos de manera libre, plena y responsable. La educación debe estar al alcance de todos, fomentando el enriquecimiento de los valores de la cubanía, consolidando el papel del ser humano a través de una enseñanza desideologizada y exenta de adulteraciones y falsas explicaciones de los fenómenos históricos, sociales, familiares y culturales. La cultura es una derivación de la experiencia social. La cultura refleja las condiciones de la sociedad que la produce y está íntimamente ligada a ella. Una cultura que se reconozca en los tradicionales valores de la cubanía y que sea resultado de nuestra idiosincrasia y experiencias debe ser condición primordial para la liberación y superación de la crisis cubana. El trabajo, las relaciones y la forma de producir, dan contenido, forma y existencia a la cultura. La personalidad colectiva de las acciones sólo se alcanza a través de la profundización y el desarrollo de los valores culturales como apoyo indeclinable para construir la personalidad individual. El CUTC se pronuncia a favor de la conservación, el progreso y la difusión del saber, y asumimos el compromiso de impulsar la efectiva aplicación de una cultura de protección de los valores humanos. La finalidad fundamental de la técnica es poner la ciencia al servicio de la persona humana, con el interés de enriquecerla material y espiritualmente. La técnica debe estar siempre al servicio de los usos pacíficos y al desarrollo pleno e integral del ser humano, sin convertirse en un vehículo de destrucción, intimidación, dominación o poder. Corresponde a los trabajadores cubanos preparar y formar a sus cuadros técnicos dotados de un claro sentido del contenido ético de sus actividades, garantizando organización, eficiencia y calidad.
Uno de los principales desafíos para alcanzar el bienestar general a que aspira la sociedad humana se localiza en los efectos del desarrollo sobre la salud, particularmente los relacionados con la mortalidad y morbilidad de los grupos más vulnerables. El acceso equitativo a los servicios de salud, así como el mejoramiento de su calidad de acuerdo con los principios y prioridades establecidos en las normas de la Organización Mundial de la Salud, deben incluirse en todos los programas de asistencia social. La sociedad debe establecer y fortalecer su capacidad para reaccionar ante brotes de enfermedades, ante casos de desastres, así como de las instituciones privadas y públicas encargadas y de sus políticas y capacidad de respuesta. Se debe mejorar la cobertura y calidad de los servicios de salud a disposición de la población, dando prioridad a los aspectos preventivos y promocionales y al acceso a información y servicios de planificación familiar, con participación de todos los sectores interesados. El sistema nacional de salud pública debe organizarse de forma tal que satisfaga las necesidades primarias de los pacientes, mediante la creación de una amplia red de centros asistenciales que combinen la iniciativa privada en su sentido más amplio con la participación estatal, dé forma tal que los planes de salud no se conviertan en una carga para el presupuesto nacional ni dependan de decisiones centralizadas. Favorecemos la introducción del sector privado en todas las ramas de la salud pública, desde los servicios primarios hasta los centros de investigación científica y producción de medicamentos. El Estado sólo mantendrá la fiscalización y control de la salubridad, pero de manera descentralizada, construyendo, mejorando y concediendo créditos a empresas de servicios médicos, y trazando políticas que favorezcan el desarrollo de la iniciativa privada en estas las ramas de la salud pública, con tarifas de precios razonables de conformidad con las tradiciones nacionales y la práctica internacional en la materia. El sector de la salud pública debe garantizar la formación de personal médico y paramédico altamente calificado, exento de consideraciones ideológicas y a partir de la libre elección de la profesión, sólo a partir de la vocación y las capacidades. No deben establecerse privilegios de naturaleza alguna para el acceso a los servicios de salud pública, eliminando todas aquellas instituciones que brindan esos servicios exclusivamente a dirigentes de organizaciones políticas, organismos estatales y cuerpos armados o a satisfacer las demandas de ciudadanos extranjeros. La Cruz Roja debe independizarse de la actividad estatal y pasar a ser una Organización No Gubernamental regida por las normas fijadas por la Cruz Roja Internacional. Apoyamos la preservación de todos los aspectos positivos alcanzados durante las últimas décadas, antes y durante el proceso político iniciado el 1° de enero de 1959, teniendo en cuenta que la salud humana es el bien más preciado de la sociedad y no debe ser sujeto de manipulaciones políticas ni de campañas propagandísticas o tendenciosas. Por su vasta experiencia en el manejo de personas enfermas, discapacitadas, de avanzada edad, etc. somos partidarios de que las instituciones religiosas establecidas en nuestro país participen de forma más activa en los planes de atención, preservando las instituciones existentes o creando otras que amplíen esa participación. La preservación del medio ambiente está estrechamente unida a la salud pública y al mejoramiento de la calidad de vida; y consecuentemente a] crecimiento de la economía. Es preciso una reforma integral de la política de preservación de! medio ambiente. Propugnamos la creación de organizaciones no gubernamentales que tengan a su cargo la elaboración de programas, estrategias y planes de preservación y la implementación de una legislación sobre la materia. En tal sentido subrayamos la importancia de mantener la diversidad biológica, pues ésta trasciende las razones políticas, éticas y morales, ya que al contaminarse el medio y desaparecer los espacios se vuelve más precario el equilibrio de los ecosistemas, de los cuales depende la vida. El medio natural tiene un gigantesco valor para la promoción humana y la producción económica. La preservación del medio ambiente es congruente con los planes de desarrollo económico y social. Favorecemos una reforma de la legislación vigente en materia de preservación del medio ambiente y para la protección de la naturaleza. Del mismo modo respaldamos la introducción de tecnologías que permitan una reducción sustancial de las emisiones de elementos contaminantes. Nos resulta muy interesante la posibilidad de aprovechar al máximo el talento de la población en búsqueda de productos más limpios y mejores, y reducir al mismo tiempo la contaminación del aire. Proponemos la creación de una Comisión Nacional para la Protección del Medio Ambiente de la República de Cuba, a la que se asociarían corporaciones, empresas y compañías de servicios públicos y el gobierno elaborando un Programa Nacional de Mejoramiento y Preservación del Medio Natural. Sólo a través de normas estrictas, elaboradas sobre bases no gubernamentales, realistas, viables y duraderas será posible contener la contaminación y el deterioro del medio ambiente,
El CUTC reafirma su indeclinable compromiso con los valores de la democracia, el Estado de Derecho, las prácticas de la sociedad civil, el pluralismo político e ideológico, el respeto a los valores humanos y las libertades fundamentales del individuo, garantizadas en los instrumentos legales y consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los principios de soberanía, gobernabilidad democrática, igualdad ante la ley, el derecho a la libertad, la estabilidad, la justicia y la paz. El CUTC se adhiere a la tesis que proclaman que no puede haber democracia sin desarrollo ni desarrollo sin democracia, y considera que a los inmensos desafíos que enfrenta la sociedad cubana actual se añade la necesidad impostergable de impulsar el fortalecimiento de las instituciones y prácticas democráticas, desplazando todo vestigio de totalitarismo y hegemonismo ideológico. El CUTC se pronuncia por una participación real, activa y permanente de la ciudadanía y, muy en especial, de los trabajadores a través de organizaciones no gubernamentales, sindicales, sociales y profesionales. Reafirmamos nuestra idea de que un gobierno elegido democráticamente no significa que este adopte decisiones auténticamente democráticas. La democracia real debe constar de cuatro requisitos indispensables, simultáneos o integrados: 1) libertad política, 2) libertad personal, 3) democracia económica y 4) democracia social. Examinada desde la óptica sindical, la democracia debe asumirse como la verdadera participación de la clase trabajadora en los asuntos de la vida económica, política, social y cultural de la nación. El fin de la democracia, dentro de los marcos del movimiento sindical, es la construcción de una sociedad donde sus estructuras, relaciones, normas, procedimientos e instituciones abran formas incesantes de participación viva y responsable, en una atmósfera de solidaridad, respeto a la diversidad y a los derechos de todos los sectores económicos, políticos y sociales, combinado con la tolerancia cultural, religiosa y jurídica.
El desarrollo es una tarea nacional. No puede ser impuesto con normas, modelos, experiencias o ideologías que corresponden a otros contextos y otras realidades geográficas, sociales, culturales y filosóficas. El desarrollo no debe evaluarse a través de indicadores económicos, que tratan de aumentar la riqueza, sino que debe constituir un fenómeno integral, armónico y equilibrado, que incluya todo el espectro físico y espiritual de la persona humana, siendo por tanto un desarrollo sostenido y solidario. El desarrollo tiene una dimensión humana.
La autodeterminación de los pueblos requiere que éstos se desarrollen en condiciones de independencia y soberanía nacional, y en un sistema democrático que les permita elegir y autodeterminar a través del voto popular en unas elecciones multipartidistas, donde los ciudadanos puedan elegir entre varios programas políticos y ser elegidos sin restricciones de ninguna Índole.
La solidaridad la interpretamos como el reconocimiento de la dignidad humana, a través de la igualdad de derechos y oportunidades en las personas y las naciones, basadas en el respeto a las especificidades de cada pueblo y en el apoyo desideologizado y desinteresado a su desarrollo y realización plena. El CUTC se pronuncia por un mundo más humano, más justo, más interrelacionado, capaz de formular políticas que promuevan al diálogo, las negociaciones, el mejoramiento humano y la paz a través de intercambios económicos, sociales, científicos y culturales entre todas las naciones del planeta. La solidaridad debe estar presente en los programas de integración regional e internacional, particularmente en la formulación de políticas de lucha contra la pobreza, y la exclusión y en medida significativa contra el nocivo hábito de convertir las ideologías en productos exportables. Solidaridad quiere decir: benevolencia activa, consciente y dedicada al prójimo, manifestada sobre todo en los momentos difíciles y cuando el bien común está amenazado. Una idea como esta no tiene fronteras nacionales, de clase u otras. Interpela solamente a otro ser humano. Por su naturaleza, la solidaridad es, al mismo tiempo, universal y personalista. La solidaridad rechaza la lucha de clases, la idea de rivalidades entre los diferentes grupos sociales. La solidaridad debe estar orientada hacia la construcción del bien común. El mundo no debe estar dividido en camaradas y enemigos; la idea de la solidaridad es aún más amplia y más profundamente humana que las imágenes más idealizadas de las teorías marxistas.
Cuba es parte activa, inseparable e indivisible de Latinoamérica. Toda nuestra herencia histórica y cultural, nuestros intereses nacionales y nuestras luchas en contra del colonialismo, las dictaduras y toda forma de explotación, marginación y discriminación han estado y continúan estando estrechamente unidas a las naciones y pueblos de América Latina. Las luchas de los trabajadores latinoamericanos por sus reivindicaciones han contado siempre con nuestro respaldo y en la actual coyuntura del continente este respaldo debe hacerse más evidente, promoviendo y profundizando el proceso de diálogo sobre desarrollo regional, a partir del rescate y fortalecimiento de la confianza recíproca y la colaboración. El CUTC se pronuncia por mantener un clima de relaciones con las organizaciones sindicales latinoamericanas, que desaliente las tensiones y establezca un marco adecuado de intercambio de ideas y experiencias, estableciendo un modelo de integración inspirado en las mejores tradiciones de unidad latinoamericana proclamadas en los próceres de nuestra independencia. Repudiamos el surgimiento de focos guerrilleros, la ejecución de actos terroristas, los secuestros y la toma de rehenes civiles inocentes. Nos pronunciamos en contra de la tortura y a favor del surgimiento de partidos políticos con fuerte base social. En este sentido el CUTC saluda los esfuerzos de integración y respaldamos el diálogo al más alto nivel, encaminado a proyectar estrategias de desarrollo que profundicen, amplíen y consoliden los procesos democráticos.
El CUTC blinda su respaldo a las negociaciones tendientes a desalentar las tensiones entre todos los pueblos del planeta, y muy en especial, en los de nuestra área geográfica. Reafirmamos nuestra determinación de apoyar cuantas medidas se implementen para poner fin a las diferencias existentes entre las personas, basadas en el respeto a los derechos integrales de la persona humana. La paz debe ser fruto de un legítimo sistema de justicia, que involucre a todas las personas y naciones del mundo. La consolidación de la paz requiere un modificación a fondo del sistema de valores establecido a escala universal capaz de superar la miseria, las desigualdades, promoviendo políticas que estimulen la solidaridad entre los países y no las rivalidades, ya sea en el ámbito económico, político, cultural y técnico. Rechazamos la pobreza-, la exclusión, el terrorismo, el armamentismo, las dictaduras de cualquier tendencia y los totalitarismos ideológicos; repudiamos toda forma de racismo o xenofobia; censuramos el tráfico ilícito de sustancias estupefacientes, el comercio clandestino de armas, las bandas organizadas para perpetrar delitos y toda acción u omisión que atente contra la dignidad y la integridad física y espiritual de la persona humana. El CUTC saluda con regocijo la próxima entrada en vigor del Tratado de Prohibición completa de los Ensayos Nucleares, aprobado durante el 50° Período Reanudado de Sesiones de la Asamblea General de La Organización de las Naciones Unidas. El CUTC subraya la enorme importancia que reviste la decisión de la OEA de convertir el continente americano, antes del año 2000, en la Zona Libre de Medios y Minas Terrestres Antipersonales, que proponemos incluya las zonas contiguas a la línea fronteriza del territorio que ocupa la Base Naval de la Bahía de Guantánamo, en la provincia cubana del mismo nombre. El CUTC se pronuncia por la pacificación de todas las regiones en disputa y reitera su profundo deseo de que nunca más efectivos de las fuerzas armadas de la República de Cuba trasciendan las fronteras nacionales para intervenir en conflictos originados en otras naciones. El CUTC condena la presencia de bases militares extranjeras en los países, así como la fabricación, el almacenamiento, emplazamiento y uso de armas nucleares y químicas y cualquier otro medio de exterminio masivo. El CUTC rechaza el daño al medio ambiente y al equilibrio biológico que producen las maniobras y ensayos militares, El CUTC promueve y favorece una cultura del diálogo y la negociación, como requisito indispensable para el sostenimiento de una paz real y duradera a nivel internacional.
La autonomía y unidad sindical de los trabajadores cubanos debe basarse en la democracia e independencia y en las prácticas de la sociedad civil, removiendo todas las estructuras burocráticas, inoperantes y dependientes de las directivas que emanan de las instancias de dirección estatal y partidista. El movimiento de trabajadores cubanos debe rechazar cualquier forma de intervención ajena a sus intereses más auténticos y autoproclamarse independiente de la actividad política, partidista y estatal, con un claro compromiso de fraternidad y solidaridad sobre todos los trabajadores cubanos, no importa el lugar donde se encuentren. La autonomía y unidad sindical de los trabajadores cubanos debe promover las reivindicaciones clasistas, populares y nacionales.
EL CAMINO DE LA UNIDAD HACEMOS UN LLAMADO A todos los cubanos dignos y patriotas; a los que viven en Cuba o escogieron el camino del exilio; a las autoridades civiles y militares; a los dirigentes de las organizaciones políticas y sindicales; a los dirigentes y funcionarios de los organismos de la administración central del Estado, y muy especialmente a la clase trabajadora cubana. Hacemos un llamado para que entre nosotros, en Cuba, en idioma español, sin intervención foránea, sin prejuicios, desconfianzas ni exclusiones, establezcamos un gran diálogo nacional donde se debatan nuestras diferencias y se fortalezcan nuestras semejanzas, donde pongamos nuestra inteligencia colectiva al servicio de la salvación nacional, dejando a un lado los odios, los ataques, los resentimientos, las desigualdades, las luchas de clases, yendo al fondo de los problemas, mirándonos las caras, compartiendo los errores comunes, encontrando soluciones justas y razonables, conservando y mejorando todo lo positivo y apartando lo que se convierta en un obstáculo al desarrollo de la identidad nacional y a la promoción de la democracia, los derechos individuales y su garantía legal en un clima de hermandad, fraternidad, solidaridad y tolerancia. Hacemos un llamado para que la Patria viva orgullosa de sus hijos, para que todos seamos absueltos en el juicio de la historia. Y para que no seamos blanco del merecido reproche por parte de las futuras generaciones de cubanos. Dado en la ciudad de La Habana, a 16 de enero de 1997. |
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